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Las Lesiones Musculares

Hoy quiero hablar de una entidad que centra la atención de muchos de los fisioterapeutas que nos dedicamos al mundo de deporte, ya que representa el 30% de las lesiones que suceden a lo largo de una temporada.

Las lesiones musculares suponen, sobretodo en el futbol una mediana de12 jugadores por cada equipo profesional, es decir, 300 días de baja deportiva por temporada.

Fruto de la observación podría señalar este mes de Noviembre como un mes especialmente conflictivo y donde roturas de fibras, distensiones y contracturas han copado mi camilla. Por eso creo que es necesario explicar a mis lectores como detectar esta lesión, como prevenirla y como actuar en caso de sospechar que se ha sufrido ha rotura de fibras.

¿Cómo detectarlo?

El diagnostico se basa en la clínica, el mecanismo de aparición y la exploración física. Dolor a la contracción y/o estiramiento e incapacidad funcional, dolor a la palpación, sensación de tumefacción, hematoma, deformaciones del perfil de las masas…son algunos de los signos y síntomas más frecuentes. Además la aparición súbita en un gesto explosivo y que el paciente relata como sensación de haber recibido una “pedrada”.

Dependiendo de la severidad de la sintomatología se puede clasificar la lesión como más o menos severa, por lo que variará el pronóstico. Además podeos realizar RM(a partir de las 24hrs), Ecografía (tras 48horas es el momento óptimo) y/o tensimiografía para apoyar el diagnóstico y hacer un pronóstico más preciso. Función exclusiva del médico, y que a los terapeutas nos puede ayudar en el abordaje de la lesión. Así pues el pronóstico puede variar desde los 3-5 días que corresponde a una recuperación normal de una contractura a 12 semanas correspondiente a una rotura muscular o grado III de una lesión muscular. Además este pronóstico puede variar también dependiendo de la localización de la lesión, su extensión y su implicación con otras estructuras como septos, etc…

¿Cómo tratarlo?

Algo en lo que todos los terapeutas coinciden es que una lesión muscular ha de tener una movilización y funcionalidad precoz, ya que así conseguimos un aumento de la vascularización del tejido muscular implicado, mejora la regeneración de las fibras, evitamos cicatrices fibrosas, en definitiva conseguimos un tejido con unas propiedades viscoelásticas y contráctiles más optimas, así una musculatura más funcional.

Por ello una intervención inmediata y efectiva puede marcar de una manera notoria la evolución de la lesión. Es indispensable que una vez el deportista note alguno de los síntomas anteriores, se aplique un protocolo RICE de atención primaria consensuado durante los tres primeros días.  

Rest: reposo deportivo; Ice: hielo; Compression: compresión; Elevation: elevación

A partir del tercer día se comenzará con el protocolo de activación muscular y los trabajos complementarios de estabilización. Trabajo de contracción isométricos progresivos y movilización sin resistencia. Siempre bajo la supervisión de un profesional que nos ayude con la evolución, la corrección de patrones biomecánicos incorrectos y el tratamiento de los problemas relacionados a la lesión primaria.

La última fase del tratamiento deberá de asegurarse de que el musculo esta en óptimas condiciones para la realización de una actividad física exigente, por lo que se tratará de someter al musculo a un trabajo concéntrico, excéntrico y pliométrico progresivo y en situaciones cada vez más similares a las de la práctica deportiva. Así como a una trabajo de estabilización de las articulaciones implicadas y la flexibilidad. Trabajando también todas las propiedades de la contracción muscular, resistencia, fuerza-resistencia, fuerza y fuerza explosiva.

Por lo que solo la realización de todo este trabajo muscular sin dolor, y bajo situaciones de estrés similares a las del terreno de juego nos garantizarán que el deportista está listo para reincorporarse a la temporada. No por esto debería de descuidarse un buen protocolo de prevención, para evitar recaídas o futuras lesiones.

Alejandro Vallés (@clinicadamas)

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TENDINOPATIA AQUILEA

El tendón de Aquiles que debe su nombre al personaje creado por Homero en La Iliada, es responsable de gran número de bajas deportivas e incluso llega a ser incapacitante en casos de tendinopatía recalcitrante.

Fuente: mardelbike.com.ar

Por eso nos parece interesante presentaros unas pinceladas sobre esta entidad que tanto preocupa a los que la padecen y a sus terapeutas, con el fin de ayudaros a su detección precoz y al buen manejo de la misma.

Como toda tedinopatía que se precie tiene mayor incidencia a partir de los 35 años de edad, cuando la funcionalidad fisiológica y la hidratación del tejido disminuyen y se vuelven poco eficaces.

A menudo se cae en el error de considerar que este proceso patológico es una tendinitis o inflamación del tendón, pero la falta de células inflamatorias nos hace pensar que el tendón está sufriendo un proceso degenerativo, una Tendinosis.

¿Cómo un tendón que es capaz de soportar 17 veces el peso corporal llega a degenerarse?

El sobreuso, unido a factores intrínsecos como la hiperpronación del pie, el pie plano o cavo, la mala alineación de la rodilla, desequilibros musculares o el sobrepeso….pueden hacer que toda la tracción recaiga sobre una parte del tendón, elongandolo hasta generar microdesgarros y una situación isquémica (falta de irrigación sanguínea) que lo degenera.

Además cabe reseñar que errores en el entrenamiento (técnica deficiente, demasiada carga, velocidad o distancia, fatiga, el tipo de calzado o de superficie  y el abuso de las cuestas….) pueden favorecer la aparición de este tipo de lesiones crónicas.

¿Cómo detectarlo?

La rigidez matutina en la zona del tendón, dolor al estirar el gemelo, dolor durante o después de caminar al menos 30 minutos, dolor al bajar escaleras o al hacer puntillas, junto al dolor a la presión manual del tendón pueden ser indicadores de alerta.  

¿Qué podemos hacer?

La aplicación de hielo las 72 primeras horas, un calentamiento prolongado, criomasaje 20 minutos tras la actividad física, estiramientos de gemelo y sóleo, así como el uso de una talonera y la pérdida de eso pueden ayudarnos a controlar la sintomatología.

Por otro lado, si con estas medidas los síntomas no remiten sería conveniente visitar al fisioterapeuta con la mayor brevedad posible (nunca más tarde de los 20 primeros días tras la aparición de los primeros síntomas)

El trabajo del fisioterapeuta coordinado con el podólogo para la corrección mediante plantillas, de las alteraciones biomecánicas de la extremidad inferior prevendrá el empeoramiento de la situación.

Técnicas como la EPI-Ecoguiada, la diatermia Indiva-Active junto a un trabajo excéntrico correcto, son algunas de las últimas tendéncias en la recuperación de este tipo de lesiones.

 

Alejandro Vallés Jiménez (Siguenos en twitter @clinicadamas)

www.clinicadamas17.com

 

Basado en: Jurado Bueno A, Medina Poqueres I. Tendón, Valoración y tratamiento en fisioterapia. Ed. Paidotribo

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